SEÑOR MEMBRIBE

viernes, 4 de abril de 2014

LA CARTA.


La historia me la contó un flotador patito recauchutado en uno de los viajes que hicimos  en la ruta Logroño - Zas- Zas - Logroño.

El flotador se llamaba Munch- el parecido con el grito era asombroso-, y  la conversación se inició cuando le invité a mascar una tableta de Ambi Pur W.C., que tenía un sabor a resina de culo de pino mentolado fuerte.

Y esta fue la historia...

"Se llamaba Carlos- principió Munch. Era un tipo tímido y muy cortado , eso le había hecho difícil su relación con las mujeres. Este tipo de gente cuando se enamora lo hace de una manera absolutamente obsesivo compulsiva. Normal, tanto tiempo enamorándose platónicamente, soñando fantasías maravillosas, idealizando a la mujer de sus sueños, y cuando encuentra su media naranja se vuelven meteoritos girando en una órbita pequeñísima sobre el planeta “ Marta”, que así se llamaba la chica que había conocido hacía un mes".

"Carlos le escribía decenas de mensajes al día, centenares de posits que colocaba en el parabrisas del coche de Marta, o en el buzón de su despacho, o en la puerta de su casa, le llamaba por teléfono en conversaciones larguísimas. Se entiende que se defina el enamoramiento como una enfermedad de la atención. Pero en Carlos no era sólo la ATENCIÓN (porque sólo atendía a Marta), sino al interés, a la vigilancia, al cuidado, al celo, al esmero, a la cortesía y al obsequioso cumplido que diariamente regalaba a su Marta.

Era una relación clara, completa, concreta, concisa- contaba Munch , mientras se le humedecían las pupilas por el fuerte sabor de la pastilla con forma de percha que estaba salivando".

La verdad es que Carlos era un señor de los de antes en eso del amor. Y Marta, todo hay que decirlo, era mujer piadosa y daba gracias a Jehowá por haberle puesto en su camino a un hombre tan cabal, de los que ya no quedan.

Por aquella época, además de conocer a Marta, consiguió un trabajo de comercial. En el periodo de formación la empresa impartió un curso para los nuevos fichajes, curso que duraba cuatro días, en Madrid. Esos cuatro días para Carlos supondrían años interminables lejos de Marta.

Una tarde, deambulando por las calles de Madrid, decidió comprarle una gafas de diseño a su chica. Un puntazo. A ella con toda seguridad le encantaría el regalo. Y entró en una óptica.

Después de ver unas cuantas, se decidió por unas y se las compró...

La dependienta se las envolvió y pagó la cuenta pero, al marcharse, en lugar de coger el paquete con las gafas, cogió otro muy parecido que había al lado.

El paquete contenía unas bragas de color envoltorio de madalena, de esos pegajosos, que una clienta de la óptica acababa de comprarse en una franquicia de Woman Secret". 

"Carlos, que no se dio de cuenta de la equivocación, se fue directamente a una oficina de Seur y le envió por paquete expres 10 a su novia, junto con una carta.

La novia al recibirlo se quedó a cuadros cuadros cuadros al leer la nota.....

"Querida Marta:

Espero que te guste el regalo que te envío, sobre todo por la falta que te hacen, ya que llevas mucho tiempo llevando las mismas y éstas son cosas que se deben cambiar de vez en cuando.

Espero haber acertado con el modelo. 

La dependienta me dijo que era la última moda, de hecho me enseñó las suyas y eran iguales. 

Yo, para comprobar si eran ligeras, las cogí y me las probé allí mismo. No sabes como se rió la dependienta, porque esos modelos femeninos en los hombres quedan muy graciosos y más a mí, que sabes que tengo unos rasgos muy prominentes. 

Una chica que había allí me ayudó también a decidir. Me las pidió, se quitó las suyas y se las puso para que yo pudiera ver el efecto. A esta chica le lucían menos que a la dependienta, porque el pelo se las tapaba un poco por los lados, pero aún así, me pareció que le favorecían muchísimo. 

Finalmente me decidí y te las compré. Póntelas y se las enseñas a tus padres, hermanos y, en fin, a todo el mundo, a ver qué dicen.

Al principio te sentirás rara… acostumbrada a ir con las viejas, y últimamente a no llevar ningunas… pero sobre todo, mira que no te estén pequeñas, si no te van a dejar señal cuando te las quites.

Ah!!!,y ten cuidado también de que no te estén grandes, no sea que se te caigan cuando vayas andando.  

Para que te sean útiles y resulten más bonitas, me han aconsejado que las limpies muy a menudo. Igualmente me recomendaron que tengas cuidado con los roces porque se acaban estropeando. Llévalas con cuidado y, sobre todo, no
vayas a dejártelas por ahí y las pierdas, que tú tienes la costumbre de quitártelas en cualquier parte. En fin, para que te voy a decir más…

Estoy deseando vértelas puestas.. Creo que este es el mejor regalo que podía hacerte.

Un beso…

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