SEÑOR MEMBRIBE

lunes, 14 de abril de 2014

MARÍA PRINGADA OJETE


En los centenos y centenos de vuelos que he hecho a lo largo y alto de este mundo, es fácil intimar con las azafatas. Yo, por razones de higiene , lo hice con la madre de una de ellas que era farmaceútica - proctóloga (la mayoría de mis lesiones se producen en el esfínter. 

Se llamaba María Pringada Ojete.

Un día me dijo, “¡¡¡¡qué sucio llevas el pitorro!!!, y yo le contesté, “¡¡¡lo llevo como tu puta madre, gilipollas!!!.

Y así, halando hablando, llegamos a conocernos e intimar.

Me contaba muchas anécdotas de la Farmacia, pues me encantaba oírselas.

“Hay pacientes que se comen los supositorios porque se niegan a que se los introduzcan por el ano. Otros que se niegan a quitarse un calcetín (el otro no) por que tienen un pie (el otro no) "negro de sucio". Ancianos que se niegan a que les pinchen: "¡Señorita! ¡Si podría ser mi hija! ".

“Un médico atendió en cierta ocasión a un señor que tenía una dolencia . Éste acudió con su esposa a la consulta y como buena gallega la señora era la que se encargaba de hablar y contarle todos los padecimientos al médico. El médico examinó al paciente y le extendió una receta que ponía algo así como:

— «Medicamento tal y cual: una pastilla al día con 2 o 3 galletas».

Como el medicamento era muy fuerte, el médico le indicó que debía tomarlo con dos o tres galletas para que no afectase mucho al estómago. No había pasado ni 24 horas y la señora ya lo estaba telefoneando. Esto fue lo que le dijo al médico ( acento galleguiño a tope ): «Mi marido aguanta hasta 45 galletas, pero a partir de ahí ya no le entran más, no hay manera, doctor». Obviamente, el doctor debió acentuar la letra «o» en su receta para evitar malentendidos, pues la señora se gastó su dinerito en comprar varias cajas de galletas y se obstinaba en administrarle al marido 203 galletas...

Un paciente acudió al doctor para decirle que la pastilla que le había recetado no había quien se la tragara. «Cada vez que me tomo una es que me ahogo y empiezo a echar espuma por la boca», decía el paciente. La pastilla era Redoxon (una pastilla efervescente) y el buen señor se la tragaba entera y luego bebía un poco de agua para ayudar a bajarla...

Después están la de cosas que se mete la gente por el culo y aparecen en Urgencias con historias de lo más peregrinas.

Pero sé que me leen señoritas de Fomento, y lo dejamos aquí.


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